Recuperación del empleo va más lento para las mujeres que para los hombres

Recuperación del empleo va más lento para las mujeres que para los hombres

Después de los meses de mayor desempleo por la pandemia de Covid-19, la recuperación para las mujeres ha sido más lenta. En julio pasado la tasa de desocupación de los hombres se ubicó en 4.8%, en tanto, ésta fue de 6.3% para las mujeres económicamente activas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de julio muestran que 39 de cada 100 mujeres tenían un trabajo o estaban en condiciones de buscar uno; en esa situación se encontraban 72 de cada 100 hombres. Sin embargo, en el primer trimestre del2020, antes de que la pandemia llegara a México, esta proporción era de 45 por cada 100 trabajadoras y 76 por cada 100 trabajadores.

“La emergencia sanitaria profundizó las desigualdades y una de ellas es la brecha laboral”, señala en entrevista la diputada federal Martha Tagle Martínez. Antes de la pandemia, las mujeres arrastraban problemas de trabajo informal, falta de flexibilidad en los horarios y una mayor responsabilidad de trabajo doméstico y de cuidados, agrega la legisladora del partido Movimiento Ciudadano (MC).

La diputada Anita Sánchez Castro, de Morena, apunta que esta situación es resultado “de años de discriminación hacia las mujeres en diferentes espacios”. Muchas de estas exclusiones tienen efectos en el ámbito laboral, afirma.

En julio, la población económicamente activa (PEA) femenina fue de 19.6 millones y la masculina, de 33 millones. Si lo comparamos con lo que sucedía de enero a marzo de este mismo año, tenemos una cifra similar para los hombres: 31.5 millones estaban activos, pero el número de mujeres era de 21.9 millones. Ya era evidentemente superior en ese entonces, antes de la pandemia.

El confinamiento afectó muchos de los sectores de los que las mujeres obtenían ingresos, como el de servicios o el comercio. “El problema mayor fue para quienes lo hacían desde la informalidad. Por ejemplo, aquellas que vendían comida en la calle o productos de casa en casa, porque ya no pudieron hacerlo más” y dejaron de percibir dinero, dice Martha Tagle.

De las más de 19 millones de mujeres económicamente activas en julio, 18 millones tenían un trabajo y 1 millón 245,000 estaban desempleadas. De quienes seguían teniendo una actividad remunerada, 53% estaban en la informalidad. Es decir, sin seguridad social, prestaciones o estabilidad laboral.

El 78% de las trabajadores se dedica a actividades terciarias, como el comercio, el servicio en restaurantes u hoteles, o empleos de oficina, según la ENOE. Todos esos trabajos tuvieron que parar durante los meses de la Jornada Nacional de Sana Distancia.

Más desempleo, pero más trabajo

Según la ENOE, las mujeres tienen una mayor tasa de desempleo. Pero eso no traduce en mayor tiempo disponible, pues “las mujeres son quienes sostienen, con su trabajo no remunerado, las medidas de emergencia sanitaria”, indica la diputada Martha Tagle Martínez.

“Los roles de género que persisten en nuestro país, en la región y en muchas partes del mundo, nos dan una mayor responsabilidad en los cuidados. Esto tiene que cambiar”, comenta la legisladora Anita Sánchez Castro.

En el primer trimestre del 2020 había casi 27 millones 746,000 mujeres que no son consideradas económicamente activas, porque no están buscando un empleo. A 19 millones 702,000 de ellas los quehaceres domésticos les impedía tener otro trabajo, uno remunerado. Por ello no estaban en busca de uno. El resto, porque está estudiando, está jubilada o tiene un impedimento físico.

Para julio, las más de 27 millones no económicamente activas se convirtieron en 30 millones 474,434. Del lado de los hombres, 12 millones 692,847 en esa categoría, que muchos especialistas consideraran como de desempleo oculto.

“Con su trabajo las mujeres sostienen las medidas contra la pandemia”, insiste Tagle Martínez. Quedarse en casa para no contagiarse o no contagiar ha implicado un aumento en las tareas del hogar, que en su mayoría absorben las mujeres. Y la educación que niñas y niños reciben a distancia también les implica más trabajo a las mamás, apunta.

Las madres trabajadoras que pudieron conservar su empleo y laboral a distancia no la tienen tan fácil, dice. “Porque dividen su tiempo entre ordenar la casa y atender a sus hijas o hijos que están en la escuela virtual”,

El trabajo de cuidados también ha aumentado, casi siempre en detrimento de las mujeres. “Y no sólo es a personas con Covid-19, sino a pacientes de otras enfermedades que, justamente, por la pandemia no puede permanecer en un hospital o no han sido atendidas debidamente”.

Empleos, pero precarios

La diputada Anita Sánchez Castro menciona que impulsará en San Lázaro una incitativa para aprobar un apoyo económico para mujeres que no tienen un trabajo remunerado. Aún está en la fase de análisis de a cuánto podría ascender esa especie de beca.

Martha Tagle persistirá en la aprobación de la iniciativa a la que se han adherido diferentes fuerzas políticas: el ingreso mínimo vital. Se trata de la entrega mensual de 3,746 pesos, por al menos tres meses, a quienes hayan perdido su fuente de ingresos a causa de la pandemia.

“Esto no se va a componer de un día para otro. Con mucho trabajo habíamos llegado a niveles de participación de las mujeres de 34 por ciento. Pero primero les quitaron las guarderías, esto tuvo un impacto importante”, comenta.

Una de las estrategias del presidente Andrés Manuel López Obrador para crear nuevos empleos son las obras de infraestructura. Esto, subraya Tagle, de nuevo es pensar en la lógica de siempre: en los hombres, en que los hombres son quienes participarán en la reactivación económica.

“En la construcción hay muy pocas mujeres. A ellas no les ayuda mucho que se abran empleos en esa actividad”. Según la ENOE, en julio había más de 3.5 millones de hombres laborando en ese sector y poco más de 128,000 trabajadoras.

La diputada feminista Martha Tagle prevé todavía un largo camino para que las mujeres recuperen sus empleos. Y todavía peor para que éstos sean dignos. “Se están creando más, pero muy pocos de calidad, con salarios justos y horarios flexibles. Muchas de ellas los aceptarán porque son jefas de familia y tienen que cubrir gastos mínimos, como la alimentación”.

Fuente: Factor Capital Humano

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