6 millones de mexicanos perderán su empleo por la pandemia, proyecta la OIT

6 millones de mexicanos perderán su empleo por la pandemia, proyecta la OIT

Al terminar este año, en México podrían haber más de 6 millones de personas desempleadas debido a la crisis por el nuevo coronavirus, según una proyección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La pandemia de covid-19 está contribuyendo, además, a que casi la mitad de la población ocupada (44%) esté en riesgo de que le reduzcan su salario, advierte.

En el informe México y la crisis de la covid-19 en el mundo del trabajo: respuestas y desafíos, la OIT reporta que la tasa de desempleo al final del 2020 “podría llegar a ser de 11.7%”, la más alta desde que se comenzó a levantar la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en el 2005.

Hasta ahora, el momento de mayor pérdida de fuentes de ingreso en México había sido en la crisis económica mundial del 2009. En ese año la tasa de desempleo alcanzó a 6.42% de la población económicamente activa (PEA), lo que representaba cerca de 3 millones de personas sin trabajo.

El estudio fue elaborado por la Oficina de País para México y Cuba de la OIT, a cargo desde hace unos meses de Pedro Américo Furtado. En él la organización hace un recuento de lo que ha vivido la fuerza laboral en este país a partir de la llegada del nuevo coronavirus.

Las consecuencias, dice, se sintieron más a partir del mes de abril. “El shock sobre la actividad económica mexicana afectó un mercado laboral ya debilitado”, y por el confinamiento, muchas personas cerraron sus negocios, fueron despedidas o enviadas a casa sin goce de sueldo, a la espera de que la situación mejorara.

Al analizar el impacto de la pandemia en las diferentes actividades de la economía, el organismo clasificó con un alto nivel de riesgo a la manufactura, el comercio, los servicios inmobiliarios, las industrias hotelera y restaurantera, el transporte y los medios de comunicación.

La informalidad no bajó

Entre marzo y abril, 12 millones de personas pasaron a la inactividad. Para el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), explica el documento, esta clasificación abarca a aquéllos que están disponibles para trabajar, pero en suspensión de labores por el cierre de empresas y negocios.

En junio, la tasa de desempleo llegó 5.5%, cifra que hacía años “no estaba tan alta”. Sin embargo, la reapertura de actividades ahora coincide con el desempleo. Es decir, quienes estaban aparentemente inactivos e inactivas, resguardándose de la pandemia, para esas fechas pudieron salir a buscar empleo, “pero las condiciones económicas desfavorables” no les permitió encontrar uno.

Antes de la pandemia, el mercado laboral mexicano se caracterizaba “por una baja tasa de desempleo”, dice la OIT. Pero ese dato no se traducía en la calidad del trabajo. La pintura completa la muestran las brechas en el acceso, principalmente en contra de mujeres y personas jóvenes, informalidad y bajos salarios.

Por ejemplo, México no había salido del penúltimo lugar en inclusión laboral femenina en América Latina y el Caribe. Sólo 45.4% de las mujeres tenía un trabajo, en contraste con 77% de los hombres. Pero la pandemia agudizó esta situación, pues incrementó las tareas en el hogar que en su mayoría absorbieron ellas.

A finales del 2019 había 27.4 millones de mujeres consideradas como población no económicamente activa (PNE). En cambio, habían 10.3 millones de hombres en esa condición. Para mayo de este 2020, la cifra subió a 32.8 millones de mujeres y 17.5 millones de hombres. La diferencia yace en que las mujeres señalan no estar disponibles para trabajar por ocuparse a tareas domésticas no remuneradas.

En cuanto a la informalidad, hasta marzo de este año 56% de la población ocupada en México tenía acceso limitado o nulo a la protección social. Esto equivalía a 31.3 millones de personas. Lo que ocurrió al comenzar la crisis es que esa tasa bajó a 47.7% entre marzo y abril.

Pero la mejora en ese indicador no se debió a que hubiera más contrataciones con acceso a la seguridad social, sino a que la mayoría de los empleos perdidos eran informales. En esos dos meses se perdieron más 10.4 millones de puestos del sector informal.

En mayo hubo una recuperación de 1.9 millones de esos empleos y la tasa de informalidad subió a 51.8 por ciento. Para junio, julio y agosto, 55.1% de las personas ocupadas laboraba en la informalidad, “casi el nivel previo a la pandemia”, destacó la OIT. Esta recuperación del empleo que no otorga acceso a la salud, aguinaldo, prestaciones o ahorro para el retiro se debió al “regreso” de quienes laboran por su cuenta.

Otros síntomas laborales de la covid-19

“En México, otra expresión de dificultades laborales es la subutilización de la mano de obra”, se destaca en la investigación liderada por Noémie Feix, oficial de Empleo de la OIT en México. Es decir, la población que ya tiene un empleo o una fuente de ingresos, pero que necesita más ingresos y cuenta con un poco más de tiempo para trabajar más, lo que el Inegi clasifica como tasa de subocupación.

Por la covid-19 esa condición creció como nunca antes. En mayo, aunque la gente tenía disponibilidad de tiempo y voluntad de trabajar más horas, “la pandemia afectó la cantidad de empleos disponibles y casi 30% de las y los trabajadores” se vieron afectados. A partir de junio, la tasa de subocupación bajó a 17 por ciento.

Además de todo lo anterior, la crisis provocó que en más personas ganen salarios bajos. En abril la tasa de quienes reciben hasta dos salarios mínimos aumentó 8.5 puntos porcentuales. En agosto se observó un “repunte de trabajadores de hasta un salario mínimo”. Encima, aumentó la población que no recibe ingresos por su trabajo desde el inicio de la crisis económica.

En resumen, dice la OIT, “es altamente probable que se agudicen algunas brechas ya existentes en el empleo en México”. La entrada del teletrabajo tuvo repercusiones fuertes sobre la actividad de las mujeres en términos de disminución de la actividad remunerada y aumento de las actividades de cuidado. Y los jóvenes también experimentarán condiciones adversas.

Fuente: Factor Capital Humano

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