Tiempos de pandemia: El home office como fenómeno social y tecnológico

Con una paralización productiva de 2,000 millones de personas en el mundo a causa de la pandemia de covid-19, la mejor opción para laborar con distanciamiento social ha sido el trabajo en casa.

Tiempos de pandemia: El home office como fenómeno social y tecnológico

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, José Ortega y Gasset.

Cuando hablamos del home office o trabajo en casa no estamos hablando sólo de una forma distinta de contratación, sino que nos referimos a un fenómeno que construye un nuevo paradigma social y laboral. La forma de abordar su entendimiento pasa por el derecho, la vida social, la economía y la tecnología, los dos últimos son la causa y los dos primeros son los efectos.

La línea del tiempo en los cambios laborales de la historia del trabajo ha estado marcada por la tecnología y la economía. Sus revoluciones y sus cambios son los que han determinado la forma de producción y del trabajo. Cada estamento productivo ha tenido sus características propias; cuando se implementaron las máquinas de vapor en la producción hubo reacción social y adecuaciones. Al final, siempre va más rápido la tecnología que las leyes y los cambios sociales.

La transformación del trabajo a distancia con tecnología comenzó con el internet y su primer choque fue su adecuación a la forma tradicional de trabajo: jornada, tiempo extra, subordinación, lugar de trabajo, por eso vemos que en los países con mayor organización y representación productiva se ha avanzado en legislación sobre estos temas, en Francia lo regularon desde el 2013, en España también lo tienen legislado; es un tema laboral importante para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comunidad Europea.

Cuando en la línea del tiempo de este cambio tecnológico irrumpe la pandemia de covid-19, se cataliza el fenómeno. Con una paralización productiva de 2,000 millones de personas en el mundo, la mejor opción para laborar con distanciamiento social fue el trabajo en casa, pero la circunstancia de cada país reflejó su realidad social y lo está empujando a un cambio. No solamente se está adecuando, sino que estamos en un momento clave de comprender cómo este modelo puede incorporarse a las estructuras sociales y laborales, generar cambios y permanecer; las clases a distancia son el mejor ejemplo de su fuerza de transformación.

Con la pandemia, el encontronazo fue la limitación tecnológica y las características sociales de cada país, la mayoría de los trabajadores viven en dormitorios compartidos, casas de interés social sin espacio para trabajar. En Estados Unidos un tercio de la población tiene una conexión deficiente, en México 1 de cada 2 hogares no tiene internet y, de los que tienen, la mitad su conexión no es eficiente. No se ha podido establecer con claridad el tiempo de trabajo, cuándo se excede la jornada laboral, el tiempo extra, por eso se habla de trabajadores quemados —conocido popularmente como el síndrome de burnout— y del derecho a la desconexión —por jornadas que se extienden a todo el día y ámbito de la vida mediante correos electrónicos y mensajes de texto todo el día—.

La línea del tiempo continuará hacia la mejora tecnológica. El sistema productivo necesitará perfeccionar la conectividad y los software de trabajo, veremos mucho desarrollo al respecto. Las empresas tendrán que hacer una valoración de la inversión que implican estos cambios, por ejemplo, dejar sus oficinas corporativas, otorgar herramientas adecuadas a sus trabajadores, una tarea nada fácil en momentos de crisis. Habrá incentivo para la tercerización del trabajo de servicios (contabilidad, derecho, etc.), la lógica que prevalecerá es que si voy a sacar de un espacio una actividad y alguien me la ofrece mejor, puedo cambiar de modelo.

Por el lado de los derechos, habrá propuestas enfocadas en cuatro temas medulares:

  • La jornada (tiempo extra)
  • El derecho a la desconexión (que implica la forma de comunicación y el respeto a la jornada)
  • Los costos de producción (la propiedad de los materiales de conectividad)
  • El derecho a optar por la forma de trabajo (que se permita al trabajador decidir por presencial, trabajo en casa o mixta).

En cuanto al cumplimiento de los derechos, vemos que en empresas de países desarrollados se están autoregulando, se adelantan a una legislación y se están incorporando derechos en la figura; hay quien ha adoptado software para avisar al trabajador que su jornada ha terminado. En países o empresas en donde no pasa esto, la opción será impulsar normas, el trabajo legislativo, pero su cumplimiento estará determinado por el enorme desempleo en el mundo, lo que sin duda será un elemento que moldeará mucho esta etapa del trabajo y la fuerza de cambio, que sería social y política.

El futuro llegó, la tecnología seguirá su marcha. Seremos las personas y nuestra circunstancia quienes moldearemos nuestros entendimientos en las nuevas formas del trabajo, el tamaño del cambio de paradigma.

Fuente: Factor Capital Humano

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