Trabajadoras del hogar, un año de pandemia en resistencia y en el desempleo

Por el impacto de la covid-19, el 30% de ellas perdió el empleo en julio; para febrero, la desocupación se redujo a 15 por ciento. Pero detrás de esas cifras hay miles de mujeres todavía expuestas a vejaciones sexuales y laborales.

Petra Hermilo compara su situación con la de sus compañeras trabajadoras del hogar y cree estar en ventaja. Igual que miles de ellas, fue despedida sin liquidación al inicio de la pandemia y no ha sido recontratada. Pero al radicar en Chilpancingo no tendrá que regresar a una comunidad de La Montaña de Guerrero, como muchas, donde hay menos empleo y servicios de salud. Además, ya “sólo” se encarga de su mamá y no de hijas o hijos.

En la Ciudad de México, María de la Luz Padua, también destaca “la suerte” que ha tenido. La covid-19 le quitó su empleo ideal, como ella dice, pero sí recibió liquidación. La dirigente sindical contrasta su historia con las que han atendido en el Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadores del Hogar (Sinactraho) y se siente aliviada. Por ejemplo, la de una joven que, engañada con un anuncio falso de empleo, fue drogada y violada.

Este 30 de marzo, como cada año desde 1988, se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Y en México cumplimos un año de la declaración de la emergencia sanitaria por la Covid-19, cuando el gobierno llamó a la población a quedarse en casa y, si se podía, laborar desde ahí. Y sí, ellas trabajan en casa, pero no en la suya.

Cuantitativamente, julio ha sido el mes más difícil para ellas en términos de desempleo. En ese momento el 30% de las más de 2.4 millones se quedó sin trabajo, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Y febrero de 2021 muestra que la recuperación ha sido lenta: la tasa desempleo se redujo a la mitad, casi a 15%, mientras que la tasa general para el país es de 4 por ciento.

Esas son las cifras. Pero el daño que a muchas ha causado esta crisis tiene dimensiones que no se pueden cuantificar. El Sinactraho ha perdido a cinco integrantes que contrajeron la enfermedad al ir a trabajar. Dos de ellas fueron contagiadas por sus empleadores, quienes salieron de vacaciones y volvieron con el virus en su organismo.

A pesar de ello, fueron “dejadas en total abandono”, informa María de la Luz Padua, secretaria general colegiada del sindicato. “No les cubrieron los medicamentos, tratamientos o incapacidad”. En total, cerca del 20% de las agremiadas han enfermado de covid-19, señala.

Este año de pandemia el Sinactraho ha recibido tantas denuncias de aumento en las jornadas con el mismo salario como de despido injustificado. “Las trabajadoras del hogar vivían ya una crisis: sueldos injustos e ilegales, falta de seguridad social, acoso laboral y sexual, discriminación”, enlista Marcelina Bautista, fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH).

“Con esta enfermedad la cosa es peor, se encajan más con nosotras”, dice Flor Hernández, trabajadora del hogar desde 25 años. Pero es como si lo dijeran a coro Marcelina, María de la Luz y Petra.

Sólo para mitigar el hambre

Para el tercer trimestre de 2020, de las 2.4 millones de trabajadoras del hogar activas a principios de año, sólo un poco más de 1.9 millones seguían laborando. La covid-19 impidió al Inegi levantar la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) entre abril y junio, así que lo que sabemos es que de julio a agosto ha sido la etapa más complicada, cuando casi 800,000 se quedaron sin su fuente de ingresos.

Como otros sectores de la economía, éste ha mostrado una mejora. A finales de año, el Inegi contó a más de 2 millones 151,000 trabajadoras de vuelta a la actividad económica. Para enero de 2021 eran más de 2 millones 157,000 y en febrero bajaron a 2 millones 120,000.

“Pero la situación sigue siendo complicada” en las entidades, apunta Petra Hermilo, coordinadora de la Red de Trabajadoras del Hogar. En Guerrero, muchas empleadas que ganaban 50 pesos diarios se quedaron sin esos mínimos ingresos. “Volvieron a sus comunidades y se pusieron a sembrar para tener siquiera tortillas que comer”, cuenta en entrevista.

Entre enero y marzo de 2020 en ese estado laboraban casi 70,000 trabajadoras del hogar. Para septiembre, sólo lo hacían 43,000 de ellas. En diciembre la cifra subió a 57,000. “No nos están contratando, muchas se han puesto a vender artesanías, que como no son productos de primera necesidad, la gente no los compra”.

La Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar les ha enviado despensas. “Aunque es algo bueno, ahí no va incluida la salud”, dice. Sin programa gubernamentales, estos apoyos solo mitigan temporalmente el hambre, apunta.

Empleo a la baja, violaciones al alza

Flor Hernández no dejó de trabajar, aunque ese dato por sí sólo no refleja su historia ni la de muchas que conservaron su empleo. “Trabajo más horas, antes llegaba a las 10 y terminaba antes de las 5. Pero ahora me dan las 8 de la noche y sigo ahí porque hay que lavar y desinfectar más y el hijo de los patrones se regresó a vivir con ellos, entonces, es más trabajo. Ah, pero no más sueldo”.

Tampoco la han afiliado al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En febrero había 27,295 inscritas en el programa piloto que el IMSS implementó para ellas, como una primera vía para hacer obligatoria la inscripción. Esa cifra representa al 1.1% de las 2.4 millones que laboraban antes de la pandemia y el 1.2% de las 2.1 millones que laboraban en febrero. Aunque cabe mencionar que la afiliación aumentó 39% en un año a pesar de la pandemia.

A mediados del año pasado el instituto puso en marcha la segunda fase de la prueba que, a decir de María de la Luz Padua, complica más la afiliación. “Los empleadores se quejan de que la plataforma les pide sus datos. Es que se dan cuenta de que es una forma de reconocer el vínculo laboral y es lo que no quieren”, explica.

“La precariedad se ha agudizado en la pandemia”, comenta Marcelina Bautista, cuya defensa por los derechos de las trabajadoras del hogar es reconocida en México y otros países. “A muchas las despidieron y a otras les bajaron el salario, con la opción de quedarse o irse bajo esas condiciones”.

En plena crisis y con familias que alimentar, se ven obligadas a tolerar esas violaciones a sus derechos. Todo esto se está reflejando en su salud mental y emocional, dice. Al Sinactraho, del que Marcelina es fundadora, y al CACEH han llegado mujeres buscando asesoría legal, creyendo que esa es la única ayuda que necesitan. No todas se dan cuenta del estrés que están padeciendo, dice la activista.

“Las señoras actúan como si les estuvieran haciendo un favor al pagarles por su trabajo”. La visión que se tiene en México de la trabajadora del hogar sigue siendo “de servidumbre, que tienen que hacer de todo y sin quejarse”, apunta la activista.

A Flor Hernández le extraña que desde el año pasado ha tenido problemas para dormir. “No entiendo cómo, si ahora termino más molida que antes”. Pero luego de hablar de la preocupación porque un día de esto la despidan, al recordar que el hijo de los empleadores es arisco en su trato, que su hija adolescente ya no aguanta el encierro, ella misma comprende el porqué de su insomnio.

No están solas, se tienen a ellas

Desde el inicio del confinamiento por la pandemia, colectivas y activistas alertaron sobre el incremento de la violencia en los hogares. Y de esto también han sido víctimas las trabajadoras del hogar, pero no siempre en sus familias, sino donde laboran.

Varias trabajadoras han sido objeto de agresiones verbales, pero también físicas. María de la Luz Padua comenta el caso de una compañera sindicalizada quien fue agredida por un familiar de las personas que la contrataron. Llegó a esa casa para refugiarse de la pandemia y se creyó que podía disponer de todo, incluida la empleada.

Hace unos meses un juez le concedió a la trabajadora una orden de restricción para que ese hombre no se acerque más a ella y evitar que vuelva a lastimarla físicamente, cuenta la dirigente sindical.

No es el único caso que está siendo judicializado. Agentes del Ministerio Público de la Ciudad de México investigan la violación a una joven trabajadora del hogar. Hace unos meses, luego de quedarse sin trabajo por la pandemia, acudió a una agencia de colocación para encontrar un nuevo empleo.

Camino a la agencia, en la calle, vio un anuncio: “Se solicita empleada doméstica”. La joven llamó al número que venía en el papel, la oferta parecía atractiva, sobre todo en tiempos de crisis. Aceptó acudir al lugar en el que le indicaron, ahí pasarían por ella para llevarla a la casa en la que trabajaría. Pero lo que pasó es que fue drogada y violada.

Antes que a las autoridades, la denuncia llegó al sindicato. La pandemia fue el pretexto para “seguir violando nuestros derechos. Pero también ha sido la oportunidad para que más compañeras se acerquen al sindicato”, dice María de la Luz Padua. Actualmente tienen presencia en 10 entidades.

“Nosotras seguimos luchando para que las trabajadoras del hogar conozcan sus derechos”, dice Marcelina Bautista. “A pesar de esta pandemia no hemos parado, al contrario. Es cuando más nos necesitan. A muchas las hemos podido orientar, canalizar sus casos o conseguir apoyos del gobierno. Pero son miles las que requieren urgentemente de ayuda”.

Fuente: Factor Capital Humano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s