El liderazgo de Isaías González Cuevas, quien encabeza la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) desde 2005, atraviesa una fuerte crisis interna. Señalamientos por prácticas autoritarias, corrupción y abandono de trabajadores han minado su credibilidad y abren un debate sobre la permanencia de su gestión.
La desconfianza hacia González Cuevas no es nueva. En 2017, más de 2.5 millones de agremiados, agrupados en 17 federaciones estatales, desconocieron su autoridad, acusándolo de violencia sindical y manipulación de cuotas. Incluso en 2016, sectores en 18 estados rechazaron su reelección, argumentando que se sostenía únicamente por un reducido círculo de incondicionales.
Entre los episodios más polémicos figura la compra de un hotel en Los Cabos por más de 220 millones de pesos en 2018, mientras la organización enfrentaba huelgas y litigios laborales. Esta operación se realizó sin informar a la mayoría de los afiliados, lo que se interpretó como un acto arbitrario y un presunto enriquecimiento indebido del dirigente.
Además, se le señala por violar estatutos internos al intervenir en sindicatos regionales, imponer liderazgos afines e incluso recurrir a la intimidación. Críticas internas apuntan también a la falta de apoyo en conflictos laborales, como los despidos masivos en Baja California Sur. Todo ello dibuja a un líder acusado de autoritarismo y abandono, cuya gestión profundiza la crisis de legitimidad de la CROC.





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