Trabajadores señalan que la dirigencia encabezada por Isaías González opera para conservar influencia, no para proteger derechos.

El desgaste de la CROC se ha vuelto inocultable. Diversas voces acusan a su dirigencia de privilegiar acuerdos políticos sobre la defensa de derechos laborales.

Estas críticas no surgen de la nada: se sostienen en años de prácticas que, según los denunciantes, han convertido al sindicato en un actor político funcional para su cúpula.

La distancia entre líderes y base trabajadora se profundiza ante cada decisión tomada sin consulta y cada pacto diseñado en lo alto.

En este escenario, el sindicato aparece más como un aparato que protege intereses particulares que como un organismo que representa a la clase obrera.

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